Quiero que hablemos todos los días mirándonos de frente. En la madrugada decirte buenos días, y escuchar caer el agua mientras te duchas antes de empezar la jornada. Quiero que entres a mi mundo y te quedes a formar parte, y yo quiero entrar en el tuyo y hacerlo también mío. Quiero que conozcas a mi gente y que los adoptes en tu familia, y conocer a los tuyos y que me sientan cotidiano. Quiero cuidar de ti. Quiero sentir tu piel abrigándome el pecho durante el invierno. Quiero que tus ojos iluminen mis noches. Quiero que mis brazos rodeen tu cintura, y contener tu alma con mis manos en tu espalda. Quiero que me hables mientras tomo café, y me vuelvas a explicar por qué lo evitas para cuidar tus dientes de la cafeína. Quiero conocer a tus hijos y enseñarles a tocar guitarra. Y ser su amigo. Quiero que conozcas a mi hermano y a mi madre, y que los encantes con el humor negro que me atrajo desde el principio. Quiero que me cortes el cabello. Quiero cantar para ti todas mis canciones nuevas, y dejar sin publicar las que más te gusten para que solo existan en tus oídos. Quiero hacer magia para ti, y que te sea tan transparente que siempre me veas el truco, y aún así lograr sorprenderte. Quiero conocer a tus seis perros, y salir a pasear y pelear con ellos por sus juguetes. Quiero que conozcas a mis gatos, y que te enamores tanto de ellos que yo los cele en secreto. Quiero que nos enojemos por que no me gusta lavar los platos, y después reconciliarnos porque no quieres dormir sola. Quiero que exploremos juntos la idea de tener una niña, aunque no suceda. Será lindo imaginarla así como tú, con el brillo de la luna en la mirada. Quiero envejecer contigo. En fin, construir una vida. Y coger, por supuesto. Claro que quiero coger contigo. Lo quiero todo, y no tiene que ser en ese orden.
En 2018 una querida amiga, a quien considero como mi segunda madre, me pidió escribir un discurso para acompañar el reconocimiento que ella debía entregar a la cantante ecuatoriana Paulina Tamayo. Hoy recojo ese texto, como un homenaje póstumo para despedir a la leyenda. Esta noche tengo que entregar un reconocimiento al desempeño y la trayectoria de doña Paulina Tamayo, y todavía no he podido dar con las palabras justas que acompañen el momento, y que sean capaces de ponerlo a la altura de la artista que recibirá el homenaje. ¿Qué le podemos decir, que no haya escuchado antes, a la mujer que empezó a recibir trofeos cuando apenas tenía cinco años? Comenzaba la década de 1970, y la inocente niña de entonces inició su carrera con el acto, simple y puro, de abrir la boca para cantar en un concurso de aficionados promovido por radio Éxito, del fallecido José Rodríguez Santander. ¿Qué valor podemos agregarle hoy a esta carrera, cuya primera presentación producto de a...
Comentarios