L. y M. Javier López Narváez Cruzas la puerta, entras sin detenerte; él llega cinco minutos después, escogen mesa lejos de la gente, y tú de espaldas no me puedes ver. Tiemblan mis piernas tan solo al mirarte, y en el suelo ha terminado el café; y tú, sonriéndole a tu acompañante, crees que te observan, sin saber por qué... No se ha extinto la luz que encendieras un día; y en mis ojos aún te ves brillar tú, mi cruel agonía. Si lo nuestro acabó y al final eso quiso la suerte, / que me odies a muerte, / yo ya no quiero estar teniendo que volver a verte. Un accidente y miras a mi mesa; tengo que esconderme tras el menú. Ya me he tomado más de diez cervezas mientras espero ...
Ejercicios de aproximación literaria, relatos, canciones y otras barbaridades esquizo-lingüisticas