domingo, 28 de octubre de 2018

Curioso Malentendido


"Pero si ella nunca supo de Sofía,
ni de Magdalena, ni Ana, ni Lucía,
ni de aquella chica, la que prefería
darse duchas frías
sin temor a la influenza...

Pero si ella nunca supo de Paola
la prima de Diana, ni Adriana, ni Lola,
ni de aquella que estando conmigo a solas
nunca anduvo en bolas
porque le daba vergüenza"

martes, 20 de marzo de 2018

Soneto VIII

Si se graba un día "El Vino y La Sal"
y se estrena en todas las emisoras,
y te encuentra sola, al clarear la aurora,
su compás de cumbia de gris arrabal,

si al oír la letra, tu sangre glacial
se acelera, corre, arde, o se acalora
al menos tu voz, será porque añora
ser adorno triste del canto final.

Las risas ya no te alivian dolores,
ni es rojo el café, ni las cartas verdes,
y en las fotos sales con la seriedad

de labios que, aunque cautivadores
no entienden toda tu belleza. Pierdes
las mejillas sanas. Ganas soledad.

lunes, 26 de febrero de 2018

Soneto VII

PRIMER MES

Despertar cuatro domingos con resaca;
abusar todas las tardes del café;
consolar la tristeza de dos gatas
que no paran de maullar desde hace un mes.

Fracasar con un prospecto de conquista;
recibir llamadas de una que otra ex;
esconder el disfraz añil de artista;
perder, con mi hermano, al ajedrez.

Trasnochar escribiendo mil canciones;
escuchar de los amigos, instrucciones;
sumergirme en Drexler, Sabina y Juan Luis.

Desnudar las intenciones del silencio;
atajar los balonazos del recuerdo
de quien no cantó mi "cumpleaños feliz".


jueves, 5 de noviembre de 2015

Tu Canción

Éste es el primer sencillo del disco "El País de las Últimas Cosas".

"Tu Canción" presenta un sonido fresco, producto de la fusión de la Bomba -género afroecuatoriano del Valle del Chota, Imbabura-, con tintes contemporáneos de Funk y de Rock. Con este sonido se inaugura un género pop/rock mestizo enraizado en los sonidos de la tradición ancestral ecuatoriana; una nueva sonoridad para la música del Ecuador, en el que se encontrarán de manera novedosa los pasillos, tonadas, andareles y bombas con el pop y con el rock contemporáneo.

(C) 2015 Javier López Narváez. Todos los Derechos Reservados




LETRA

Usted seguramente habrá pensado
Que tan solo soy un vago
Que no ha logrado cumplir
Lo que le prometí cuando, cansado
De no tenerla a mi lado
Dije que le iba a escribir

Quisiera poder decirle esta noche
Desatendiendo reproches
Que me gusta de verdad
Más no me basta con todo el derroche
De versos, ya llego al doce,
Y no he logrado empezar

Usted no entiende que mi orfebrería
No es combo de pizzería
Ni es prepago del amor;
Lo que yo hago es moldear trozos de arcilla,
Dibujar sus alegrías,
Y hacer versos de canción

/Me pides que cante tu canción
Quisieras bailar hoy tu canción,
Pero aún no me has dado una razón,
Susúrrame al oído
Y llegará la inspiración/

Pero es que usted no entiende que es difícil
Recordar que usted no es piscis
Si lo que intento es rimar
Palabras con “i” que no sean bicis,
Ni rinitis, bilis, tisis,
Ni esta crisis general

Usted seguramente no imagina
La razón que me conmina
A escribir esta canción;
Seguir atando una tras otra, rimas
Para ver si una le atina
Dentro de su corazón

/Me pides que cante tu canción
Quisieras bailar hoy tu canción,
Pero aún no me has dado una razón,
Susúrrame al oído
Y llegará la inspiración/

miércoles, 27 de mayo de 2015

El Azar de la Música en el País de las Últimas Cosas

Después de un largo, pero bien aprovechado receso, vuelvo al estudio para emprender la aventura de un nuevo disco. Desde que se lanzó el primero, hace cuatro años, un sinnúmero de sucesos diversos me llevaron a replantear el abordaje de la música que hago, y en el camino me he reencontrado con la tradición cultural de mi país de origen, Ecuador.

A decir verdad, lo que me ha sucedido ha sido más un maravilloso descubrimiento y un refrescante aprendizaje, que un reencuentro.  Pese a que nací en la capital ecuatoriana, la circunstancia de mi ascendencia colombiana primero, y las oportunidades vitales de mis padres después, me desconectaron del suelo originario muy temprano y me destinaron a crecer entre dos culturas diferentes de aquella que me puso en el mundo, de modo llegué a conocer y vivir a Quito cuando ya había cumplido 10 años. Recuerdo el aterrizaje en la ciudad y los rostros de la gente que nos esperaba en el aeropuerto; recuerdo sus manos llamando a mis padres, y recuerdo sus ojos, que reían llorando por la emoción de volver a vernos. En medio de aquella vorágine que hoy me viene la mente con el vértigo de una secuencia confusa de fotografías antiguas, yo tenía la sensación de haber mudado de planeta: no reconocía paisajes, no entendía el dialecto, ni encontraba un aroma familiar que me conectara con este nuevo mundo al que había llegado. Solo entonces fui consciente de que en realidad, jamás había comprendido el significado de la palabra “volver”, que ahora flotaba abandonada en el océano de mi cabeza de 10 años, cual náufrago a la deriva.

Como yo tocaba la guitarra desde los siete, lo primero que me interesó de este nuevo mundo fue conectarme con su música, y por inercia aprendí lo que aprenden todos los niños en Quito: que la música del Ecuador es el Pasillo, y que el emblema del pasillo ecuatoriano es un intérprete que cantó y bebió lo suficiente como para morir joven, y a quien se conoció en todo el continente como “El Ruiseñor”. Creo que nadie ha cuestionado aquello nunca y esto ha provocado algunos equívocos, como el de “Nuestro Juramento”, canción a la que se asume como el más representativo de los pasillos ecuatorianos, pero que en realidad es una canción jíbara de origen puertorriqueño que aquí se interpreta como bolero.

Todo lo que sucedió después del primer lanzamiento, tiene que ver con cuestionar los mitos de la música ecuatoriana. En el camino, he descubierto un país preterido, en el que hay pasillo, en efecto, pero que convive con músicas de diversa índole, como los albazos y las tonadas, o como el vals criollo (el género que más grabó el ruiseñor), que es un nieto mestizo del vals europeo traído por los españoles, aderezado con melodías de los Andes y con elementos percutivos contrabandeados desde el Perú; o como la Chicha, que es una hija bastarda de la cumbia colombiana de orquesta, y que a nosotros nos llegó a la mitad del camino entre los andes peruanos y el chucu-chucu antioqueño; o como el sinnúmero de músicas traídas del África en los siglos coloniales y adaptadas al mestizaje de las diferentes regiones americanas. Aquí se quedaron ellas en las formas del Andarele y de la Bomba y de los Arrullos y de tantas otras tan diversas, que a estas alturas es difícil repetir sin sonrojarse aquel lugar común de que la ecuatoriana es la música triste por antonomasia.

Pero también se quedó el rock, que empezó a llegar desde los 50s (cuyo ídolo de juventudes fue Rubén Barba), y que a medida que creció la industria de la música global dio paso a un abanico impresionante de géneros que hoy coexisten aquí con los otros, y que van del Pop al Metal como quien va de la cama al living.

El disco que estamos produciendo hoy, es un compendio de todo esto. Escribí las canciones que lo conforman como una serie de historias de diversa índole, tragedias y comedias, ficciones y poesía, entre las que se cuenta incluso alguna verdad del amor; y las compuse con los elementos de este país descubierto, pero también con el remanente de las músicas que aprendí antes de llegar a Quito cobijadas por un acordeón; como construyendo la brújula con la que una persona podría navegar en este País de las Ultimas Cosas. De alguna manera, es el regalo de bienvenida que le entregaría a aquel niño de 10 años que se vio arrollado por la sorpresa de llegar a un lugar en el que –como en la novela de Paul Auster- las cosas “desaparecen una a una y no vuelven nunca más”, y en donde “el clima cambia de forma continua: un día de sol, seguido de uno de lluvia; un día de nieve, luego uno de niebla; templado, después fresco; viento seguido de quietud; un rato de frío intenso y… en pleno invierno, una tarde de luz esplendorosa, tan cálida que no necesitas llevar más que un suéter.”



Quito, Mayo de 2015


martes, 26 de mayo de 2015

Ayudemos con el nuevo disco

En este momento me encuentro produciendo mi segundo disco, que estará conformado por una serie de canciones inéditas que fusionan el pop y el rock con músicas tradicionales del Ecuador, como el pasillo, el vals criollo, la bomba, etc.

Este trabajo, lo he desarrollado al margen de los sistemas de auspicios y financiamientos estatales, y más bien he preferido iniciar una campaña de Crowdfunding en la plataforma Indiegogo, que es una de las pocas plataformas que permiten este sistema en Ecuador.

Quiero invitarte a que contribuyas con este nuevo proyecto. El sistema es sencillo, tú puedes invertirle al disco montos desde 7 dólares, a cambio de lo cual recibirás alguna retribución equivalente al monto invertido, desde descargas digitales de mi material anterior, descargas del nuevo disco, merchandising, conciertos privados, y mucho más!

Para ello, te invito a visitarnos aquí:


Tenemos solo hasta el día 1 de julio para completar nuestra meta y lograr que se dé este proyecto.

Además de tu participación directa en este proyecto, te quiero pedir que por favor nos ayudes además difundiendo esto.

Muchísimas gracias por tu tiempo en leer esto y visitar la página, y por tu apoyo!

Abrazos,

Javier López Narváez


miércoles, 6 de mayo de 2015

MICHAEL JACKSON Y LA SOLEDAD DEL PODER

“How does it feel when you're alone and you're cold inside?”

(¿Qué se siente al estar sólo y frío por dentro?). 

Michael Jackson, Stranger in Moscow


"Vas a ser una gran estrella, le dijo durante el desayuno... 
era como si hubiera considerado la predicción de Diana 
(Ross) una orden porque, en efecto,
nunca hubo una estrella más grande que Michael Jackson" 
J. Randy Taraborrelli, 
La magia, la locura, la historia completa.

“...tenía la mano derecha con el guante de raso... 
el semblante lívido, los labios taciturnos sin sonrisa 
del hombre que mandaba, 
los ojos tristes... pero aprendió a vivir con todas las miserias de la gloria
a medida que descubría en el transcurso de sus años incontables
que la mentira es más cómoda que la duda, 
más útil que el amor, más perdurable que la verdad” 
Gabriel García Márquez. 
El Otoño del Patriarca


Podría decirse que lo tuvo todo. Había cruzado hacía mucho el umbral de la madurez, pero su imagen permaneció atemporal hasta el día de su muerte, cuando las incontables gentes que lo conocieron, aquellos seres anónimos que observaban con el rabillo del ojo los acontecimientos diversos de su vida de fantasía, se dieron cuenta de que después de todo no era inmortal, que había crecido y envejecido igual que ellos; una vez que su cuerpo inerte fuera encerrado en una caja de bronce sólido bañado en oro, y expuesto en un espectáculo de dimensiones inverosímiles para que todos pudieran verlo desde la comodidad de sus hogares a la hora del almuerzo, dejó de ser aquel tipo estrafalario que se había decidido a trascender los límites del tiempo y el espacio, rodeándose de una aureola mítica construida sobre la base de sus virtudes magnificadas y repetidas hasta el cansancio por el trabajo meticuloso de su propio equipo publicitario, y se mostró, quizá por primera vez, como el ser humano que había sido desde el principio: nada más que el séptimo hijo de un matrimonio humilde, nacido en 1958 al sur del lago Michigan y bautizado en la fe de los Testigos de Jehová con el nombre de Michael Joseph Jackson Scruse.

Para J. Randy Taraborrelli, Michael Jackson fue más que una figura pública sobre la cual escribir. La naturaleza de su relación está explicada en el prefacio de su ibro “La magia, la locura, la  historia completa”: cuando el biógrafo tenía catorce años conoció a su personaje, que tenía once, y desde entonces mantuvieron una relación intermitente que por tres décadas osciló entre lo amistoso y lo laboral (Taraborrelli se convirtió en periodista), hasta que la mala actitud del cantante para con su propia familia, luego de enfrentar un juicio por abuso de menores en 2004, terminó alejándolos del todo.

En su intento por dibujar un retrato fidedigno del ser humano que pocos vieron en Jackson, el libro de Taraborrelli muestra a un personaje que, desarrollado desde otra perspectiva, haría las delicias de cualquier escritor de ficción. La historia que relata el biógrafo de aquel a quien William Ospina declarara el ser “casi el más famoso, casi el más rico, casi el más legendario”, demuestra una vez más que, como se dice con más frecuencia y menos asombro de lo que se debe, la realidad ha superado con creces a la ficción.

En esencia, Michael Jackson era un hombre solo. Comenzó a cantar a los cinco años, y para cuando cumplió los once ya había aprendido todo lo que una persona necesita saber sobre el manejo de imagen: “había conversado... sobre las carreras de ídolos... como Frank Sinatra y los Beatles y sabía que sus representantes habían contratado adolescentes para que gritaran y lloraran al verlos...”, cuenta la crónica de Taraborrelli, y en esa afirmación se condensa el mundo de Jackson; acaso un mundo inexplicable para el común de los mortales, para todos aquellos seres que juegan con los números aprendiendo a multiplicar a una edad en la que este niño negro nacido en el poblado de Gary se entretenía guardando en su memoria las mentiras que luego repetiría frente a las cámaras de televisión: que no tenía once, sino nueve años; que no fue su padre quien consiguió el contrato con la disquera, que fue descubierto por Diana Ross; que no necesitaba ir a la escuela  como los otros niños; en fin, que era feliz.

Para 1975, Michael Jackson tenía 17 años, y en su afán por liberarse de su padre había decidido tomar las riendas de su futuro artístico. Aún estaba lejos el éxito de Thriller, la  caminata lunar y su figura icónica de rey absoluto.

Fue el mismo año en que desde Barcelona, al otro lado del mundo, Gabriel García Márquez diera a luz “El Otoño del Patriarca”,  la novela del dictador, que retrata como ninguna otra a toda la soledad del poder.


Para los lectores más atentos, será inevitable encontrar en el Jackson de Taraborrelli a la consumación más atrevida de una historia de ficción devenida en realidad; la suplantación del personaje, de lo físico a lo espiritual; pues este Jackson parece haberse retratado en el espejo de aquel general del caribe que “había sabido desde sus orígenes que lo engañaban para complacerlo, que le cobraban por adularlo”, y a quien la muerte encontró, según el relato de García Márquez, con su uniforme de charreteras militares, sus labios femeninos, su rostro lívido, su mano de doncella metida en un guante de raso, y hecha trizas toda la inmortalidad que se ganara por decreto.