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Soneto VIII

Si se graba un día "El Vino y La Sal"
y se estrena en todas las emisoras,
y te encuentra sola, al clarear la aurora,
su compás de cumbia de gris arrabal,

si al oír la letra, tu sangre glacial
se acelera, corre, arde, o se acalora
al menos tu voz, será porque añora
ser adorno triste del canto final.

Las risas ya no te alivian dolores,
ni es rojo el café, ni las cartas verdes,
y en las fotos sales con la seriedad

de labios que, aunque cautivadores
no entienden toda tu belleza. Pierdes
las mejillas sanas. Ganas soledad.

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