Quiero que hablemos todos los días mirándonos de frente. En la madrugada decirte buenos días, y escuchar caer el agua mientras te duchas antes de empezar la jornada. Quiero que entres a mi mundo y te quedes a formar parte, y yo quiero entrar en el tuyo y hacerlo también mío. Quiero que conozcas a mi gente y que los adoptes en tu familia, y conocer a los tuyos y que me sientan cotidiano. Quiero cuidar de ti. Quiero sentir tu piel abrigándome el pecho durante el invierno. Quiero que tus ojos iluminen mis noches. Quiero que mis brazos rodeen tu cintura, y contener tu alma con mis manos en tu espalda. Quiero que me hables mientras tomo café, y me vuelvas a explicar por qué lo evitas para cuidar tus dientes de la cafeína. Quiero conocer a tus hijos y enseñarles a tocar guitarra. Y ser su amigo. Quiero que conozcas a mi hermano y a mi madre, y que los encantes con el humor negro que me atrajo desde el principio. Quiero que me cortes el cabello. Quiero cantar para ti todas mis canciones nuevas, y dejar sin publicar las que más te gusten para que solo existan en tus oídos. Quiero hacer magia para ti, y que te sea tan transparente que siempre me veas el truco, y aún así lograr sorprenderte. Quiero conocer a tus seis perros, y salir a pasear y pelear con ellos por sus juguetes. Quiero que conozcas a mis gatos, y que te enamores tanto de ellos que yo los cele en secreto. Quiero que nos enojemos por que no me gusta lavar los platos, y después reconciliarnos porque no quieres dormir sola. Quiero que exploremos juntos la idea de tener una niña, aunque no suceda. Será lindo imaginarla así como tú, con el brillo de la luna en la mirada. Quiero envejecer contigo. En fin, construir una vida. Y coger, por supuesto. Claro que quiero coger contigo. Lo quiero todo, y no tiene que ser en ese orden.
Cuando todo esto termine, te preguntarás: ¿cómo habría sido si el viento no soplara sobre las velas de tu barca ausente?. ¿Cómo -si el sol tostara en las mañanas tu mejilla derramada entre mis dedos, y tus labios y tu lengua remojaran, con el café y el pan, mis buenos días al desayuno? Te preguntará tu piel por la piel que ha sido tuya y que no estará ya para enderezar sus grietas, ni estos dedos para enjugar tus ojos. Te preguntarás frente al espejo por la ausencia que te abraza, y llorarás mientras escuchas el eco lejano de un canto de despedida. Y será tarde, muy tarde, porque el sol se apaga, y la mar se seca y tu barca ausente se pierde en la orilla ocre del ocaso. Y ya no habrá pan, café, lengua y labios. Ni piel, ni mano, ni mejilla, ni huesos, ni polvo. Cuando todo esto termine, solo quedará mi canto.
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