domingo, 19 de junio de 2011

DE CÓMO CAMBIAR AL MUNDO A BASE DE MÚSICA (Tercera parte)

Por Javier López Narváez
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Durante la entrevista. Quito, Diciembre de 2010

5. Epílogo: Hablando como los locos
Desde aquel primer disco, nadie en el mundo hispano ha podido alcanzar a La Provincia, ni en su complejidad conceptual, ni en las implicaciones culturales de su música, ni en la frescura de su sonido (excepto, quizá, por Calle 13).

La popularidad que alcanzó el proyecto cambió para siempre el espectro de la música mundial. El momento era el adecuado: el ‘rock en tu idioma’ empezaba una agonía que terminó en 1997, con El último concierto de Soda Stereo; mientras que en el mundo anglo, pocos meses después de Clásicos de la Provincia moría el Grunge, que era el movimiento musical masivo más importante con que contaba la industria de entonces. El suicidio de Kurt Kobain marcó el final de una era, y los ojos se posaron sobre Hipanoamérica, cuyas estrellas más grandes decidieron seguir la senda trazada por Carlos Vives: Gloria Estefan grabó un disco con pretenciones vallenatas en el 95. Julio Iglesias grabó La gota fría en el 98 (con Egidio). Joan Manuel Serrat se había metido de cabeza en el mundo vallenato, y terminó cantando los versos de ‘El amor amor’ en 2000. La española Rosario Flores, en 2002, decidió revivir la versión antigua con que su madre Lola cantaba La Casa en el aire, de Rafael Escalona.

En Colombia, durante casi 10 años el proyecto de Vives dio pie a propuestas interesantes, como la del barranquillero Tulio Zuloaga; o la de Moisés Angulo, que quiso refrescar la papayera[1] y protagonizó una teleserie sobre Alejo Durán en 1999; pero ninguna tuvo la misma trascendencia. Entre tanto, Vives se reinventaba en cada disco. Al sonido conservador de Clásicos de La Provincia le sigue un disco titulado La tierra del olvido, que además de vallenato, toma otras músicas del caribe colombiano, como la cumbia y la champeta; y el grupo se adentra en una experimentación que al público le resulta difícil de asimilar, pese a lo cual genera dos nuevos clásicos mundiales, La tierra del olvido, y Pa’ Mayte. Carlos Vives va dejando de lado los vallenatos antiguos y se dedica a componer lo suyo.

En 1997 aparece Tengo Fe, un disco más bien introspectivo, que toma cierto dejo de soft rock y cool jazz, y que incluye un bambuco[2](Interior), el único ritmo del altiplano colombiano grabado por La Provincia. El álbum tuvo menos acogida comercial, y para el siguiente, El amor de mi tierra (1999), se plantea un problema: “la industria exigía que yo debía tener un productor, y que yo no podía ser productor, que yo no podía ser arreglista, que mis arreglos eran un poco... no se qué”, recuerda Vives. “y en últimas, siempre la gente se acostumbró a tener padrinos en la industria, que eran esos productores que metían un poquito la mano. Pero yo decía que no. Porque esto es como un cepillo de dientes. Ni yo se pa' donde voy, mucho menos va a saber un tipo que ni valora el vallenato, ni sabe lo que estoy haciendo. Eso siempre nos generó no tener aliados más fuertes. Entonces yo me rebelé, y Andrés (Castro) fue el que salió más en defenesa mía. Y lo que pasó fue que tuvimos récord de nominaciones, y supuestamente no iba a funcionar. Entonces Andrés tomó su lugar, y se ganó la credibilidad; y nos ganamos la producción nosotros. Fue un momento muy chévere.”

El disco tuvo 14 nominaciones a los Latin Grammy, y pese a que no ganó ninguno fue un hito para Carlos, que había introducido más elementos afro en canciones como El canté, o Pitán Pitán;  y volvió al vallenato más purista en Volver al Valle y La Receta. Además Incluye un clásico de cumbia, La Piragua,  y su primer porro,  19 de noviembre. En términos de género musical, es el disco más heterogéneo; y el trabajo de producción supo aglutinar de manera magistral esa diversidad a través del hilo conductor que sigue siendo el sonido de La Provincia. Aquí, Vives muestra por primera vez un lado dulce, en canciones como Tu amor eterno,  o La Cartera; cuyo sonido más pop fue la base para su siguiente disco, Déjame Entrar (2001), en donde lo dulce se torna empalagoso.

Déjame entrar, con un Grammy a cuestas es, en rigor, el primer disco de Tropipop. El año siguiente de su lanzamiento, aparece una camada nueva de músicos colombianos que rinden tributo al nuevo sonido de Vives. La mayoría de ellos no son costeños, sino del altiplano, y han sido criticados dentro y fuera de su país. Entre ellos, quien más proyección internacional alcanza es Fonseca. (En Ecuador, se han ido por el lado del tropipop: La Matilda, Fausto Miño, Mirella Chesa, Tomback, entre otros). Vives tiene una opinión propia del fenómeno: “a mi me pareció un gesto muy lindo del músico bogotano hacer la música de la costa.” Pese a todo, el disco tiene momentos musicales grandiosos, como en Décimas, o en el porro María Teresa, que a Vives le sirve de punto de partida para el disco que luego  produjera para la cantante Adriana Lucía: Porro Nuevo.

En 2005, La Provincia se aleja del Tropipop y profundiza su propuesta rock, en El rock de mi pueblo; y para 2010 sintetiza toda su música en Clásicos de la Provincia II; una nueva colección de vallenatos de los juglares antiguos, que será lanzado fuera de Colombia en 2011. Cuando Carlos habla de sus juglares, los ojos le brillan como si fuera un niño. Hace un año y medio murió Escalona, y yo le pregunto sobre el futuro de aquella música: “Mira, el otro día yo estaba sentado con Carlos Huertas (Jr.), y empieza: ‘¿tú has oído esta canción, Carlos?; es de Leandro’; y yo me quiero morir de la felicidad, porque eso es un vallenato… es que yo creo que los compositores nacen todos lo días, mientras logremos seguir motivándolos, y valorando ese tipo de trabajos, creo que vamos a tener la esperanza de que no desaparezcan…”

La noche se extiende, y Carlos continúa con una vitalidad impresionante, pese a no haber dormido bien, haber dado un intenso concierto de dos horas, y tener que viajar a las 5 am hacia Panamá. Me cuenta historias de los Juglares, y del otro Carlos Alberto, que también nació en Santa Marta en el 61, y que también es un ícono de Colombia en el mundo: 'el Pibe' Valderrama. Y yo lo escucho, y vuelvo a ser el niño que hace 17 años escuchó por primera vez la gota fría. A eso de la una de la mañana la conversación termina. Nos despedimos.

Al día siguiente todo parece haber salido de una película surrealista. Reviso mi cuenta de Twitter. Carlos, desde Panamá: “Javi, perdona la entrevista hablando de todo como los locos!”.


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[1] Papayera es una orquesta de música popular de la costa norte de Colombia. El grupo se compone principalmente de metales y percusiones (platillos, maracas)
[2] Interior, sexto track del álbum Tengo Fe

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